Conocí Dresde a través de un artículo de una enciclopedia de historia que estaba en casa de mis padres. Hablaba de una joya del barroco que fue destruida en el final de la segunda guerra mundial por los bombardeos aliados, la llamaban la “Florencia del Elba” y, no sé por qué extraña razón, desde ese día quise visitarla.
Veinte años después, surgió la oportunidad y esta es la crónica en dos entradas que os hemos preparado de nuestra estancia allí. Como una opera, empezamos con el primer acto: Obertura mañanera.




